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Mi relato de parto


Comparto mi historia para motivar a todas las futuras mamás que vendrán después de mí, para que puedan sentirse inspiradas y puedan lograr el parto que desean.

Todo comenzó el 8 de noviembre a las 11pm. Empecé a tener algunas contracciones bastante leves cada 20-30 minutos. Desperté a Adrián, mi esposo, y supimos que finalmente había llegado la hora.

Para darles un poco de contexto, voy a regresarme un poquito. La fecha que me habían dado era el 3 de noviembre por lo que mi abuela, mi mamá y mi hermana habían llegado de México para el gran día desde finales de octubre. Mi hermana únicamente podía venir una semana por lo que se tuvo que regresar a México en la tarde del 8 de noviembre, por lo que ya teníamos muchas ganas de que naciera para que pudieran estar todas.

Un par de días antes de que se tuviera que regresara mi hermana, nos emocionamos mucho porque pensamos que ya iba a nacer porque tuve algunas contracciones, pero resultaron ser Braxton Hicks. Si nunca has estado embarazada y no tienes idea de qué es esto, son contracciones “falsas” las cuales preparan al cuerpo para lo que serían las contracciones “reales”.

Volviendo a la historia, mi hermana se fue esa tarde del miércoles 8 de noviembre. Después de que ella se fue mi mama y yo decidimos ir a caminar para a ver si así este bebecito se animaba ya a nacer. La verdad es que yo ya estaba un poco nerviosa porque habían pasado un par de días de la fecha que me habían dado y hay quienes creen que esto puede ser muy peligroso. (Reflexionando sobre esto, me di cuenta de que las fechas que los doctores les dan a las embarazadas son solo una estimación y que debemos confiar en la naturaleza).
Después de nuestra caminata, llegamos a mi casa, cenamos y nos acostamos a las 10:30 p.m. Apenas nos estábamos quedando dormidos cuando de repente empezaron las contracciones y decidimos ver una serie para ignorar las contracciones lo más que pudiéramos. Los dos estábamos medio dormidos, medio despiertos, contando las contracciones e intentando descansar lo más que podíamos ya que sabíamos que se acercaba el momento y necesitábamos guardar energías.

A las 5 a.m. fui al baño y me salió mucha sangre. Despertamos a mi mama y rápidamente nos fuimos al hospital. El camino de mi casa al hospital fueron los 15 minutos más largos de mi vida, estaba extremadamente nerviosa y solo quería llegar al hospital para poder escuchar el corazón de nuestro bebé. Cuando llegamos a la sala de parto, había otra embarazada a la que se le había roto la fuente por lo que tuvimos que esperar a que también la atendieran a ella. La espera fueron solo minutos pero para mí parecían horas.

Finalmente, me pasaron a una cama en un área que se conoce como triage (donde inicialmente admiten mujeres que están en trabajo de parto para verificar qué tan avanzadas van). Me colocaron un monitor alrededor de mi vientre para poder revisar el corazón del bebé y gracias a Dios todo sonaba perfecto, nunca me había sentido tan aliviada. La partera de turno vino a vernos y revisó mi cuello uterino (ya que notó que no sentía mucho dolor) para checar que tanto estaba dilatada y ver si me podían admitir o me mandaban de regreso a mi casa.
Para su sorpresa, ya tenía 5 cm de dilatación, así que le pidió a la enfermera que me transfiriera a lo que ya sería el cuarto donde nacería mi bebe. Exactamente en este momento llamamos a Casey, nuestra doula, y le dijimos que la hora había llegado. Llegó al hospital aproximadamente una hora más tarde, lo que nos dio tiempo para instalarnos en nuestra habitación, bañarnos y comer algo ligero.

Una vez que llegó Casey, comenzamos a hacer algunos ejercicios para mantener al bebé en una buena posición para que el nacimiento fuera más fácil para ambos. Mi plan de parto era tener al bebé lo más natural posible, es decir, sin epidural, pitocina, ni ningún tipo de medicamento. Es por eso que durante el trabajo de parto es importante equilibrar el descanso con el ejercicio y mantenerse muy bien hidratado.

Pasaron las horas y las contracciones no parecían estar más cerca una de la otra. Eran un poco más intensas, pero aún manejables y todavía eran cada 10-15 min.

Alrededor de la 1 p.m. Jesse, mi partera vino a checarme. (La filosofía de las parteras en el hospital George Washington es permitir que la naturaleza siga su curso. Por lo tanto, no importaba si las contracciones no progresaban cada hora, te dejan que el cuerpo haga lo que debe hacer). Aunque las contracciones seguían relativamente separadas ya tenía 8 cm de dilatación, por lo que Jesse me sugirió administrar la dosis más baja de Pitocina para ayudar en el proceso (para aquellos de ustedes que no lo sepan, la Pitocina es la hormona artificial que genera las contracciones). El razonamiento detrás de esto era que ya había estado en trabajo de parto durante 14 horas y no quería que yo o el bebé nos agotáramos y esto tuviera como consecuencia algún tipo de complicación.

Mi principal preocupación acerca de la Pitocina era que las contracciones que produce son mucho más fuertes que las que el cuerpo genera naturalmente, lo que se traduce un dolor más intenso que no sabía si iba a poder aguantar sin Epidural. Le comente esto a Jesse y ella me sugirió intentarlo y que si en algún punto se volvía demasiado, me podría poner la Epidural. Adrián sabiendo lo que yo quería me animó a intentarlo.

Una vez que la Pitocina comenzó a hacer efecto las contracciones comenzar a ser más intensas y mucho más cerca una de la otra. Al final las contracciones duraban un minuto completo seguidas por uno o dos minutos de descanso. Aún con el dolor que sentía, sabía que era muy importante que siguiera moviéndome ya que esto ayuda a que el bebé pueda salir más fácilmente y a que yo no sufriera ningún tipo de desgarre. Tanto Casey, como Adrián fueron un gran apoyo y sin su ayuda definitivamente no hubiera podido seguir. Inclusive hubo un par de ocasiones que dejé de ver a Adrian entre tanta gente que entraba y salía pero siempre sentí su presencia y su apoyo incondicional.

No recuerdo muy bien cuántas horas pasaron desde que me administraron la Pitocina hasta que comencé a pujar (probablemente alrededor de 1-2 horas). Siempre tuve esta duda sobre cómo saber cuándo debía de empezar a pujar, pero créanme, no hay ni medio pierde. Mi cuerpo comenzó a pujar sin que yo me diera cuenta de que ya estaba pasando.

No recuerdo exactamente el dolor, los sentimientos o los pensamientos que pasaron por mi mente en ese momento. Lo único que recuerdo es estar en una especie de trance donde podía sentir el dolor, pero desde el exterior, como si no estuviera en mi cuerpo; pero al mismo tiempo nunca había estado tan presente.

Intenté pujar en diferentes posiciones. Probamos sentadillas, acostada de lado, con las rodillas dobladas, pero nada parecía funcionar. Ya habían pasado demasiadas horas y yo ya me sentía muy cansada, por lo que finalmente me acostaron en la cama y comencé a pujar desde ahí.
Finalmente dieron las 7 p.m. y para nuestra sorpresa a esta hora estaba programado el cambio de turno tanto de doctores como de enfermeras, lo que significaba que Jesse se iba a tener que ir. Sobra decir que yo no quería que se fuera ya había estado conmigo todo el tiempo e hicimos muy buen click. Me dijo que iba a tratar de quedarse el mayor tiempo posible y que Michelle, la otra partera, entraría en caso de que tuviera que irse.

Llego un punto en el que estaba rodeada de puras mujeres (Jesse, Michelle, Casey y la enfermera) y sentí un poder impresionante. Fue entonces cuando dije en fuerte “este es el momento” e hice un último empujón y finalmente, nació mi hermoso bebé.

Ese día fue el más feliz de mi vida, no cambiaría una sola cosa. Me encantó cada parte, incluso el dolor. Mi experiencia me ayudó a darme cuenta de lo poderosas que somos como mujeres y de lo mucho que una madre está dispuesta a hacer por su hijo. Tan pronto como nació, me pusieron a Adrián (mi hijo) sobre mi cuerpo para que pudiéramos estar en contacto directo. Durante el parto tuve algunos desgarres menores pero nada de esto me importó ya que mi felicidad era tanta que no literal no sentí nada, lo único que sabía era que finalmente tenía a mi bebe y que desde ese momento nunca iba a dejarlo ir.

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